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Por qué existe la grieta: 10 momentos que la explican

La grieta no empezó en 2008, ni en 1945. Diez momentos históricos que explican por qué este país discute como discute.

La palabra "grieta" se popularizó alrededor de 2013, pero lo que nombra es bastante más viejo. Argentina viene discutiendo el mismo puñado de preguntas desde antes de terminar de constituirse como país: quién manda, quién reparte, quién queda adentro. Estos diez momentos no son los "más importantes" de la historia argentina —son los que mejor explican la división actual.

1. Unitarios y federales (1820-1860)

La primera versión del conflicto, y la que fijó el molde. Los unitarios querían un país organizado desde Buenos Aires; los federales, autonomía para las provincias. Detrás de la discusión institucional había una material: quién se quedaba con los ingresos de la aduana del puerto, que era prácticamente toda la recaudación disponible.

Cuarenta años de guerras civiles después, la tensión entre Buenos Aires y el interior nunca terminó de resolverse. Sigue viva cada vez que se discute coparticipación federal.

2. El país que se organiza sin todos adentro (1853-1880)

La Constitución de 1853 establece las reglas que todavía rigen, con una fuerte impronta liberal: propiedad, comercio, inmigración. El país se moderniza rápido y se vuelve exportador agropecuario de primer nivel.

Pero el sistema político de esas décadas era censitario en los hechos: votaba una minoría, con elecciones controladas. Se construyó un Estado moderno con una participación política muy restringida, y esa brecha entre modernización económica y exclusión política dejó una cuenta pendiente.

3. La Ley Sáenz Peña y el primer gobierno popular (1912-1916)

En 1912 se sanciona el voto secreto, universal (masculino) y obligatorio. Cuatro años después gana Hipólito Yrigoyen, de la Unión Cívica Radical: por primera vez el poder queda en manos de alguien que no venía de la élite tradicional.

Es el momento en que las mayorías entran al sistema. Y también el momento en que aparece la pregunta que va a reaparecer una y otra vez: qué hacer cuando el voto popular elige algo que los sectores establecidos no quieren.

4. El primer golpe y la década infame (1930-1943)

En 1930 un golpe militar derroca a Yrigoyen. Es el primero de una serie que va a marcar todo el siglo. Lo que sigue se conoce como "década infame", con gobiernos sostenidos en fraude electoral sistemático —tan asumido que sus propios operadores lo llamaban "fraude patriótico".

La lección que quedó instalada, y que todavía circula, fue que las reglas valen mientras convenga el resultado.

5. El 17 de octubre (1945)

La movilización obrera que libera a Perón y funda el peronismo. A partir de acá, la política argentina se ordena alrededor de un eje nuevo que reemplaza a todos los anteriores: peronismo y antiperonismo.

Es también el momento en que la división deja de ser solo política y pasa a ser social y cultural. No se discute únicamente un programa de gobierno: se discute quién tiene derecho a ocupar el espacio público, y eso se siente distinto.

6. El bombardeo, el golpe y la proscripción (1955-1973)

En junio de 1955, aviones de la Marina bombardean Plaza de Mayo en un intento de derrocar a Perón: mueren cientos de civiles. En septiembre, un nuevo golpe lo derroca efectivamente.

Lo que viene después es decisivo: durante casi dieciocho años el peronismo queda proscripto. El partido más votado del país no puede presentarse. Todas las elecciones de ese período arrastran ese vicio de origen, y la idea de que existe un poder que decide por encima del voto —que sigue siendo un argumento vivo hoy— se instala acá con base empírica.

7. El terrorismo de Estado (1976-1983)

La última dictadura militar implementó un plan sistemático de desaparición forzada de personas, con centros clandestinos de detención, tortura y apropiación de bebés nacidos en cautiverio.

La CONADEP documentó cerca de nueve mil casos en 1984, aclarando expresamente que la lista quedaba abierta; los organismos de derechos humanos sostienen la cifra de treinta mil. La discusión sobre el número es, en sí misma, uno de los puntos más ásperos de la grieta actual —aunque el carácter sistemático y estatal del plan está establecido judicialmente en sentencias firmes.

El juicio a las Juntas en 1985 fue un hecho excepcional a nivel mundial: un gobierno democrático juzgando y condenando a los jefes militares de la dictadura anterior, con tribunales civiles y garantías. Qué hacer con ese pasado —los indultos posteriores, su anulación, los juicios reabiertos desde 2003— siguió siendo materia de conflicto durante cuarenta años.

8. La hiperinflación y el giro de los 90 (1989-1991)

En 1989 los precios se descontrolan a un ritmo que hoy cuesta imaginar y Raúl Alfonsín entrega el gobierno antes de tiempo. Asume Carlos Menem, que había hecho campaña con un discurso clásicamente peronista y gobierna con un programa de privatizaciones y apertura.

La convertibilidad —un peso, un dólar, por ley— frena la inflación de manera espectacular. Durante unos años parece que el problema está resuelto. Ese "parece" es importante: la memoria de esa estabilidad y la de su final explican buena parte de las posiciones enfrentadas sobre política económica hasta hoy.

9. El estallido de 2001

La convertibilidad termina mal: recesión larga, desempleo altísimo, restricción para sacar dinero de los bancos —el corralito—, protestas, represión, muertos. Fernando de la Rúa renuncia y el país tiene cinco presidentes en menos de dos semanas. Sigue el default más grande registrado hasta ese momento.

El grito de esos días fue "que se vayan todos". No se fueron, pero el episodio dejó una desconfianza estructural hacia la dirigencia política que veinte años después todavía se puede activar con facilidad. Buena parte del atractivo de cualquier discurso antisistema en Argentina se explica mirando 2001.

10. El conflicto del campo y el voto no positivo (2008)

El gobierno de Cristina Fernández de Kirchner impulsa la Resolución 125, que establecía retenciones móviles a las exportaciones agrícolas. Las entidades del campo responden con un paro de casi cuatro meses, con cortes de ruta y desabastecimiento.

El desenlace fue de manual: la votación en el Senado terminó empatada y la definió el vicepresidente Julio Cobos —del propio gobierno— votando en contra. Su "mi voto no es positivo" quedó como una de las frases más recordadas de la política argentina reciente.

Ese conflicto es el momento en que la grieta contemporánea toma su forma actual: dos bloques mediáticos, dos relatos completos y excluyentes, y la sensación —nueva en esa escala— de que era imposible estar en el medio.

Coda: el eje que se movió

Durante ochenta años la pregunta ordenadora fue peronismo sí o peronismo no. Desde 2023 apareció un eje que no encaja del todo en ese esquema: Estado sí o Estado no, con una fuerza que no viene de ninguna de las dos tradiciones que se venían alternando.

Si eso reemplaza a la grieta anterior, se le superpone o termina siendo un capítulo más de lo mismo, es demasiado pronto para saberlo. Lo que la historia sí sugiere es que este país tiende a reorganizar sus divisiones antes que a disolverlas.